Glovo no funciona con una tarifa cerrada y única: el coste para un restaurante depende del modelo de reparto, del contrato y de la ciudad. Si quieres valorar bien el canal, lo importante no es solo cuánto cobra Glovo a los restaurantes, sino cuánto te queda de cada pedido cuando sumas comisión, IVA, packaging y posibles extras. Aquí te dejo la referencia práctica que sí sirve en España, cómo impacta en un ticket real y qué señales te dicen si el canal compensa o no.
Lo que conviene tener claro antes de firmar
- La página pública de Glovo en España muestra un 30% de comisión de servicio para la entrega gestionada por su red.
- También aparece una comisión de recogida del 15% para pedidos que el cliente recoge en el local.
- En entrega propia, la cifra puede cambiar por ciudad y acuerdo; yo la trataría como una negociación, no como una tarifa universal.
- La rentabilidad real depende más del ticket medio y del food cost que del porcentaje aislado.
- Un pedido de 20 € puede dejarte 6 € menos solo en comisión si Glovo gestiona el reparto.
- Además del porcentaje, conviene revisar extras, logística, packaging y posibles cargos de cobro o adelanto.

La comisión pública de Glovo en España
La lectura más útil hoy es esta: Glovo no publica una sola comisión para todos los restaurantes. En su página de precios para España aparece un 30% como comisión de servicio cuando la entrega la hacen sus repartidores, y un 15% como comisión de recogida para el modelo de recogida en el establecimiento. Yo tomaría esas cifras como la referencia pública más clara, porque reflejan el modelo estándar que la plataforma enseña al mercado.
La parte que suele generar más confusión es la entrega propia. En la práctica, muchas guías del sector la sitúan en un entorno más bajo, a menudo alrededor del 15%, pero eso no debería tratarse como una tarifa universal si no está por escrito en tu propuesta. Mi consejo es simple: pide siempre el desglose exacto por modelo, ciudad y tipo de operación, porque ahí es donde de verdad cambia el coste.
| Modelo | Comisión orientativa | Quién asume la entrega | Lectura práctica |
|---|---|---|---|
| Entrega a través de Glovo | 30% | Glovo | Es el modelo más caro, pero también el que más reduce tu carga operativa |
| Recogida en el establecimiento | 15% | El cliente | Útil si quieres captar demanda sin asumir última milla |
| Entrega propia | Depende del contrato | Tu propio equipo | Conviene pedir cifra cerrada antes de calcular margen |
Si me preguntan qué cifra usar como base para una previsión conservadora, yo trabajo con el 30% cuando la plataforma gestiona el reparto. Con esa referencia ya se entiende por qué el siguiente paso no es mirar el porcentaje aislado, sino traducirlo a euros por pedido.
Cuánto se lleva en un pedido real
Un porcentaje solo tiene sentido cuando lo bajas a un ticket concreto. Si vendes un pedido de 20 € sin IVA, el 30% son 6 € y el 15% son 3 €. Esa diferencia de 3 € parece pequeña en una sola venta, pero en una semana con cien pedidos ya cambia bastante la foto financiera.
La fórmula que yo uso es simple: pedido - comisión - coste de producto - packaging = margen operativo. Cuando el resultado queda demasiado justo, el problema no es Glovo en abstracto, sino la combinación de ticket, carta y costes fijos.
Para verlo de forma más realista, yo suelo añadir una capa más: el coste de producto y el empaquetado. Un plato o menú que te cueste 6,50 € producir y embalar deja un margen muy distinto según el modelo de reparto.
| Escenario | Pedido de 20 € | Comisión | Te quedan antes de otros gastos |
|---|---|---|---|
| Entrega con Glovo | 20 € | 6 € | 14 € |
| Recogida o modelo ligero | 20 € | 3 € | 17 € |
Si a esos 14 € les restas 6,50 € de coste de producto y empaquetado, el margen que queda ya no es tan holgado como parece. Y ahí está la clave: la comisión no se evalúa sola, se evalúa contra tu carta. Cuando haces esa cuenta, empiezas a ver qué platos aguantan marketplace y cuáles se te quedan demasiado justos.
Los costes que suelen quedar fuera de la conversación
El error más común es pensar que la comisión lo explica todo. No lo hace. En hostelería, el margen se rompe muchas veces por una suma de pequeñas partidas: packaging, descuentos promocionales, material desechable, incidencias, reembolsos y, en algunos casos, cargos ligados al cobro o al adelanto de pagos.
Además, en los términos de Partner de Glovo aparece un cargo por procesamiento de pagos de hasta el 1,5% + IVA en ciertos supuestos. No digo que vaya a aplicar igual a todos los acuerdos, pero sí que merece revisión, porque es justo el tipo de coste que pasa desapercibido cuando solo se mira el porcentaje principal.
- IVA: comprueba sobre qué base se calcula cada comisión y cómo lo estás registrando en contabilidad.
- Packaging: cajas, bolsas, sellos y consumibles pueden comerse más margen del que parece.
- Promociones: si activas descuentos o campañas, el coste real sube aunque la comisión siga igual.
- Reembolsos e incidencias: un pedido que se cae no siempre deja el escenario que imaginabas.
- Adelanto de cobros: si necesitas liquidez más rápida, revisa si el contrato añade un coste adicional.
Yo no firmaría nada sin pedir la foto completa de esas partidas. En la práctica, la diferencia entre un canal rentable y uno problemático suele estar en esos “detalles” que no parecen grandes hasta que sumas el mes entero. Con eso claro, la pregunta lógica es cuándo compensa entrar y cuándo conviene frenarse.
Cuándo compensa y cuándo se vuelve caro
Glovo puede tener sentido cuando buscas visibilidad, volumen incremental y no quieres montar una logística propia desde cero. También funciona mejor en negocios con ticket medio alto, cocina ágil y carta pensada para viajar bien. Si el pedido crece sin disparar incidencias, el marketplace aporta demanda que quizá no llegarías a capturar por tu cuenta.
En cambio, se vuelve más duro cuando vendes productos de margen muy ajustado, tienes un food cost alto o dependes de platos que llegan mal al cliente. En esas condiciones, un 30% de comisión no es solo una cifra incómoda, es una presión real sobre la rentabilidad. Yo lo resumiría así: si tu negocio vive de márgenes finos, el canal necesita estar diseñado para delivery, no simplemente replicar la carta del salón.
| Situación | Lectura rápida | Qué haría yo |
|---|---|---|
| Ticket medio alto y carta simple | Mejor absorción de comisión | Probaría el canal con control de margen |
| Food cost elevado | Riesgo de quedarse sin margen | Rediseñaría menú y precios antes de escalar |
| Necesitas reparto sin estructura propia | Puede compensar por simplicidad | Negociaría el modelo más adecuado por zona |
| Ya tienes reparto propio eficiente | El marketplace puede servir como canal, no como logística | Compararía coste total contra venta directa |
Lo importante aquí no es romantizar ni demonizar la plataforma. Es entender qué papel juega dentro de tu mix de ventas. Y desde ahí se puede decidir con más cabeza cómo reducir el impacto sin renunciar al volumen.
Cómo reducir el impacto sin perder ventas
Si yo gestionara un restaurante en España, no intentaría “ganarle” a Glovo peleando solo por décimas de comisión. Eso rara vez cambia el negocio. Lo que sí cambia el resultado es trabajar la oferta, el ticket y la estructura de costes para que el canal no destroce el margen.
- Diseña una carta específica para delivery: menos platos frágiles, más referencias que soporten viaje y mejoren el ticket medio.
- Empuja combinaciones: menús, extras y bundles ayudan a que la comisión pese menos sobre cada euro vendido.
- Controla el radio de reparto: si sirve para bajar incidencias y tiempos, el efecto económico suele ser mejor que ampliar barrio sin control.
- Revisa precios por canal: no siempre tiene sentido clonar el precio de sala en delivery.
- Vigila la conversión de promociones: una campaña mal planteada puede vender más y ganar menos.
La parte más práctica, y la que más suelo recomendar, es medir la contribución por categoría. No por intuición, sino por números. Si un plato deja margen suficiente con un 30% de comisión, perfecto. Si no lo deja, no es un plato de marketplace, aunque venda bien en sala. Esa distinción ahorra muchos sustos y prepara el terreno para la decisión final.
La cifra útil no es la comisión, es el margen que te deja
Si tuviera que dejar una sola idea clara, sería esta: en Glovo no te interesa memorizar una cifra suelta, sino saber si tu carta soporta una comisión del 30% sin romper el margen. Para muchos restaurantes, la respuesta depende menos de la plataforma que del ticket medio, del food cost y de si la oferta está adaptada al canal.
Por eso, antes de activar el servicio o renegociar condiciones, yo haría tres comprobaciones muy simples: cuánto deja cada pedido de media, qué platos sobreviven mejor al reparto y qué coste total estás asumiendo de verdad. Cuando esas tres piezas encajan, la comisión deja de ser un susto y pasa a ser una variable más del canal. Y ahí es cuando el delivery empieza a funcionar como palanca comercial, no como fuga de rentabilidad.
Si la cuenta no sale, el problema no es solo lo que cobra Glovo a los restaurantes, sino el modelo de venta que has montado alrededor de la plataforma.